El primer paso consiste en observar detenidamente los puestos de trabajo para detectar los gestos que puedan provocar molestias o dolores.
Hágase las preguntas correctas:
- ¿Cuáles son los movimientos más exigentes?
- ¿Cuándo ocurren las flexiones repetidas de la espalda?
- ¿En qué momentos los brazos están en elevación prolongada?
Las respuestas varían según las profesiones, pero algunas actividades de riesgo son comunes: manipulación, atornillado con los brazos en alto, levantamiento de cargas pesadas, trabajo con la espalda inclinada o en posición agachada, etc.